Jacinta Marín se sienta frente al monitor de su computadora todas las mañanas a escribirle imeils a su amigo Juancho en Chicago sobres las cosas que ocurren en Puerto Rico.

Se pone una careta de esnorquel para poder analizar con profundidad la información que ha recibido el día anterior, haciendo un guiso muy particular de lo discutido por los analistas de radio y por el programa de televisión del personaje pueblerino de La Comay.

Jacinta y Juancho son viudos y cincuentones. Los separa el charco que divide a los boricuas de aquí y los de Estados Unidos de Norteamérica. Pero conectados por la inmediatez del mundo cibernético, comparten con el lector una visión muy particular de la historia y la histeria del mundo de la política de Puerto Rico, particularmente en la época anterior a la contienda eleccionaria.

Jacinta Marín explica con una sonrisa lo que ocurre a diario en el Puerto Rico del Siglo XXI.

Jacinta se considera a si misma una politóloga de pueblo. Sus aventuras constituyen una visión humorística de la política en Puerto Rico vista a la luz de quienes han adquirido voces a través de los micrófonos de los programas radiales de análisis noticioso.

 

Dice Jacinta sobre su vida:

 

Mi historia es como la de tantas otras mujeres de Menudo para Atrás que fuimos casadas con hombres que nunca nos dejaron opinar de política.

En el caso que me ocupa, estuve matrimoniada con el ahora difunto Agapito que Dios lo tenga en la gloria entretenido, porque si ve que me he convertido en una politóloga sata es capaz de presentarse y jalarme los pies.

Cuando el murió yo quedé como tantas otras viudas de mi generación, desconsolada pero un chin aliviada. El Señor me reprenda. Porque resulta y acontece que vi como un guindou of oportiuniti de aprender lo que no me habían dejado, que era la historia de mi país y los acontecimientos de la política.

Como no podía irme a la universidad, la hija de la vecina empezó a darme tutorías satas y a enseñarme computadora para que diera el brinco a ese joyete profundo del Internet que es el que ha salvado mi vida y me ha hecho conocer otros mundos. En eso, mi hijo Joni me invitó a Chicago para que me repusiera de la viudez.

Cosa que me ayudó a hacer el pai Juancho un chicagorrican que no tenía npi de lo que es Puerto Rico pero que quedó capturado por mi belleza of cors y por lo entendida que yo estaba en asuntajes de la patria que él dejó a long taim agó.

Entonces Joni me regaló una computadora y regresé a la patria diciéndole al pai Juancho que debíamos primero testearnos en la distancia. Porque absolutli not iba a tropezar dos veces con la misma piedra de Agapito, el Señor lo haya acogido en su manto, que me puso la mordaza ad inisium de nuestro casorio.

Para esos tiempos, doña Sila triunfó como gobernadora y fue como un mensaje divino de que las mujeres teníamos un breiquecito en la vida pública. Fue mismamente el Día de Reyes que ella abrió las puertas en Fortaleza que yo le escribí el primer imeil al pai Juancho y de ahí en adelante comenzó una historia de cartas por computadora algunas de las que ustedes podrán leer como una novela de la patria y del tormento de amor no correspondido.

Los quiere diarli:

  Jacinta

La mai de la opinioincracia.

Jacinta

 
 
 
  

Copyright © 2008 | los imeils de Jacinta

 
Ilustraciones: Juan Álvarez O'neill